MINE CLEARANCE EXPERTS


DESACTIVADORES DE MINAS

The mine clearance is a bet on life. The about ten soldiers, sailors, or french policemen who are practising these job are just heroes. The word is not too much. In France people don’t hear about them as they are especially unassuming. On the “after-war” land, they were considered to be the best. We saw them in Cambodia, Kuwait or Balkans. They are in Afghanistan, Ivory Coast, or Senegal. You can just see who actual french mine cleareance experts from earth or sea take after. Sixty years ago, elders led by Raymond Aubrac eradicated more than thirteen millions of mines on two years. This exploit costed life of three thousands” evil waterfinder”, german prisoners and french volunteers altogether.

This was the price so that children can play again on the beaches and farmers can go back to the field to feed the starved population of fourOccupation years. The exploit was almost unnoticed.

Raymond Aubrac agreed to be the vital clue of this documentary as he never forgot. Today mine clearers haven’t forgotten too. They told us about their past fears... they prevent us from the coming dangers.

La desactivación de minas es una permanente apuesta sobre la vida. Y las pocas decenas de soldados, marinos o policías franceses que han hecho de ella su profesión se han convertido en héroes. La palabra no es una exageración… En Francia, el público en general no los conoce ya que su labor es voluntariamente discreta. Sin embargo, en los campos después de la batalla son considerados como los mejores. Los hemos visto actuar en Camboya, en el Koweit, en los Balcanes. Están presentes en Afganistán, en Costa de Marfil, en Senegal. Lo cierto es que los desactivadores de minas franceses de hoy en día –ya sean civiles o militares, que trabajen en tierra o en el mar- tienen a quién salir. Hace casi 60 años, sus antecesores, dirigidos por Raymond Aubrac, llegaron a extirpar del suelo francés más de 13 millones de minas en solamente 2 años. Esta hazaña, única en su género, costó la vida de cerca de tres mil perspicaces “ingenieros del infierno”, prisioneros alemanes y voluntarios franceses luchando codo a codo. Ese fue el precio que se pagó para que los niños tuvieran nuevamente derecho a jugar en las playas, y que los campesinos pudieran retornar al campo para así poder alimentar a una población desnutrida tras 4 años de ocupación…

Esta epopeya paso casi desapercibida. Raymond Aubrac, quien acepto servirnos de “hilo conductor” para este documental, no los ha olvidado. Y los actuales desactivadores de minas tampoco. Nos cuentan de sus antiguos miedos… y nos previenen de los peligros futuros.